En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Philip Zimbardo realizó un experimento de psicología social.

Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos idénticos abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada sitio.

Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser vandalizado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no, lo destruyeron. En cambio, el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.

Es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Atribución en la que coinciden las posiciones ideológicas más conservadoras (de derecha y de izquierda). Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí, cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable.

Los investigadores decidieron romper un vidrio del automóvil de Palo Alto, California. El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx de Nueva York, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.

¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?

No se trata de pobreza. Evidentemente, es algo que tiene que ver con la psicología, el comportamiento humano y con las relaciones sociales.

Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que todo vale nada. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos, cada vez peores, se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.

En experimentos posteriores, James Q. Wilson y George Kelling desarrollaron la ‘teoría de las ventanas rotas’, misma que desde un punto de vista criminológico concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.

Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro, y esto es algo que parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen ‘esas pequeñas faltas’ como estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja y estas pequeñas faltas no son sancionadas, entonces comenzarán a desarrollarse faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.

Si los parques y otros espacios públicos son deteriorados progresivamente y nadie toma acciones al respecto, estos lugares serán abandonados por la mayoría de la gente (que deja de salir de sus casas por temor a las pandillas), esos mismos espacios abandonados por la gente serán progresivamente ocupados por los delincuentes.

La respuesta de los estudiosos fue más contundente aún, indicando que, ante el descuido y el desorden, crecen muchos males sociales y se degenera el entorno.

Tan sólo vea un ejemplo en casa: si un padre de familia deja que su casa tenga algunos desperfectos, como falta de pintura de las paredes en mal estado, malos hábitos de limpieza, malos hábitos alimenticios, malas palabras, falta de respeto entre los miembros del núcleo familiar, etc., etc., etc., entonces, poco a poco se caerá en un descuido de las relaciones interpersonales de los familiares y comenzarán a crear malas relaciones con la sociedad en general y quizá algún día llegarán a caer  en prisión.

Esa puede ser una hipótesis de la descomposición de la sociedad, la falta de apego a los valores universales, la falta de respeto de la sociedad entre sí y hacia las autoridades (extorsión y soborno) y viceversa, la corrupción en todos los niveles, la falta de educación y formación de cultura urbana, la falta de oportunidades ha generado un país con ventanas rotas, con muchas ventanas rotas y nadie parece estar dispuesto a repararlas.

La solución a este problema YO NO LA TENGO, ESTIMADO LECTOR, pero he comenzado a reparar las ventanas de mi casa, estoy tratando de mejorar los hábitos alimenticios de mi familia,  he pedido a todos los miembros de la familia que evitemos decir malas palabras delante de nuestros hijos, también hemos acordado no mentir, ni siquiera mentiras pequeñas, porque no hay mentiras pequeñas, ni grandes, una mentira es una mentira y punto, hemos acordado aceptar las consecuencias de nuestros actos con valor y responsabilidad, pero, sobre todo, dar una buena dosis de educación a nuestros hijos; con esto y con la ayuda de Dios espero comenzar a cambiar en algo lo que antes hubiera hecho mal, he soñado que los míos algún día repitan esto el día de mañana, con la finalidad de que los hijos de mis hijos, o los nietos de mis hijos vean algún día un nuevo Mundo, un Mundo sin ventanas rotas.

Fuente: DkX.Cl

No necesito decir que hoy se ha aprobado el polémico proyecto energético Hidroaysén, es la noticia del día. Se han armado manifestaciones violentas en varias ciudades del país y se vive un clima de conflicto que no se sentía desde hace mucho tiempo.

Tengo que decir que todo esto es una verdadera vergüenza para el pueblo chileno, el cómo se ha abordado este tema es exactamente lo que NO tenemos que hacer nunca y muestra que estamos a años luz de ser gente civilizada y mucho más de ser un país desarrollado.

Hace mucho tiempo que la cuestión no se trata de si es ambientalmente tolerable el proyecto, de si es estrictamente necesario ejecutarlo, de si existen energías alternativas, de si hay presiones por parte de empresarios o si se está «vendiendo el país», esto se trata de que «¡YO TENGO RAZÓN Y PUNTO!». Una actitud infantil que históricamente le ha costado mucho a la humanidad y desgraciadamente seguirá siendo así.

Sigo viendo la televisión, las opiniones de contactos de facebook, llamados de televidentes y hay una cuestión clara: En este momento está de moda rechazar Hidroaysén.

Claro, es super fácil, cuidar la naturaleza es una causa loable (o una buena publicidad), los políticos de oposición pueden hacer ruido y poner sobre los hombros del gobierno la responsabilidad de «la tragedia más grande de este país», los ecologistas pueden gritar de que morirán los animalitos y los arbolitos. Por otro lado el gobierno se defiende diciendo que se siguió un proceso legítimo, que hay que dejar funcionar a las instituciones y que se harán cumplir las normas y requerimientos a la empresa.

Lo que vemos hoy en las calles no es más que el sentimiento de rabia de un niño al que no le hacen caso, pero pocos, realmente pocos se han puesto a analizar las cosas con detenimiento. Mucha gente dice cosas «que le dijeron» o que suponen, es super fácil decir cosas sin fundamentos y total si los malos son los otros, todo vale.

Lamentablemente la gente es fácil de engatusar, por eso los partidos políticos siempre apelan al pueblo, a los más pobres, a la gente que está tan ocupada resolviendo su vida, que no le interesa verificar si es cierto o si tiene sentido lo que le dicen. Y esta no es una crítica discriminatoria, simplemente es una interpretación de la teoría de Maslow que resulta ser consistente con la realidad: La masa de la población es vulnerable a creer casi cualquier cosa. Si no me creen fíjense en la cantidad de dictadores y tiranos que ha habido.

Pero bueno, el asunto no es ese, el asunto es que todos afirman cosas y la gente no tiene cómo saber a quién creer. Como siempre digo, las personas tienen razones para creer en lo que creen y por eso es que siempre se pueden dar argumentos para lo que sea así sean falsos (y aprovechar la vulnerabilidad de la masa).

El gobierno hace un llamado a que se respete la institucionalidad, a que no se haga un «escándalo» por algo que no lo amerita, argumentando que las instituciones funcionan y la verdad es que no deja de ser «curioso» que un proyecto tan controversial, que genera tanto debate a todo nivel haya sido aprobado sin ningún voto en contra. Eso genera dudas que son razonables, los votantes son todos Seremis (Secretarios Regionales Ministeriales) y al ser funcionarios de confianza del gobierno, los votos fraudulentos quedan a un llamado telefónico de distancia. Tocaría entonces investigar lo que sucedió allí, ver si existen relaciones entre funcionarios del gobierno y los privados interesados en el proyecto. Los gobiernos suelen enmascarar sus abusos y aprovechamientos diciendo que todo se ha hecho de acuerdo a la ley.

Vivimos en un país de acusaciones, Tomás Mosciatti disfruta destapando todo tipo de conspiraciones oscuras en la radio, pero continuamente veo que todo eso queda en nada… Si las cosas son tan graves hay que investigar y seguir el proceso hasta el final ¿no? La verdad, es más fácil tirar la piedra y esconder la mano. Al final da lo mismo porque los que abusan siguen haciéndolo.

Por otro lado, a mí me gustaría saber por qué se ha hecho tanta propaganda en contra de Hidroaysén y no ha sido igual la cosa con el montón de termoeléctricas que están en proceso de aprobación y construcción en el país. Esa campaña publicitaria no se financia de la nada, alguien tiene que poner esos fondos ¿no?. Quizás es mucho mejor depender del petróleo y el carbón emitiendo toneladas de CO2 a la atmósfera, no sé, si alguien lo explicara bien lo podría entender. Lo cierto es que a la gente de Patagonia Sin Represas no parece molestarles tanto la existencia de estas termoeléctrias, básicamente sólo las mencionan.

Y si hablamos de ambientalistas, no lo hacen mejor que los políticos. De partida porque todos se llenan la boca con las energías alternativas y «verdes» sin saber si quiera qué es un Mega Watt, sin entender que el sistema eléctrico es una máquina que funciona bajo una serie de reglas físicas, sin entender que sus maravillosas alternativas destruirían el doble de superficie o más en otras zonas del país. La verdad no sé por qué les parecen tan lindos los generadores eólicos y los paneles solares, y tan feas las represas, yo no veo la diferencia. Y ahí están los amigos del plantea generando residuos tóxicos con sus computadores, con la basura de sus casas, con las pilas que botan y gastando un montón de energía eléctrica, generada de manera sucia, en sus grupos de facebook y páginas.

Todo esto es política señores, todo esto son influencias, todo esto está podrido de lado y lado. A mí me gustaría hacerme una idea real de lo que de verdad significa este proyecto pero lo único que veo son ataques mutuos, manifestaciones violentas y estupidez humana en su estado más puro. Si me hablaran de cómo realmente impacta ambientalmente un proyecto y otro en comparación justa, si me hablaran de cómo hacer que funcione un sistema donde la potencia consumida es idéntica a la generada y no hay forma de guardarla sino que hay que generarla a cada instante así, si me hablaran de cómo la regulación de este mercado haría que la energía nos costara menos o se enriquezca ridículamente una empresa extranjera a costa de nuestros recursos quizás entienda lo que pasa, pero así como estamos, no se puede pensar en nada.

En los altos de Cartagena, en una humilde cabaña vive en el abandono Heine Mix con sus 72 años. Actor y director de teatro, en los años 70 vivió sus días de gloria hasta que sucedió el golpe militar en 1973. Como mucha gente de su área, debió abandonar el país, vivió en varios países hasta que regresó en los 90. Sin embargo, todo era diferente, ya no habían puertas abiertas para él y su arte, lo que le llevó a su precaria condición actual.

No estamos hablando de un indigente «por elección» o de un hermitaño. Heine Mix fue marginado, se le negaron las oportunidades que necesitaba y fue simplemente desechado.

Creo que nunca es tarde para brindar oportunidades, Heine no sólo necesita un hogar, sino una oportunidad para recuperar su dignidad como artista de teatro, la oportunidad que le proporcione la vida que se merece.

Amigos chilenos, ¿Saben ustedes de alguna instancia estatal que pueda ayudar a Heine Mix? TV San Antonio hizo este reportaje, si alguno pudiera ayudar a este amigo del teatro de seguro él se los agradecería mucho. Gracias de antemano.

Fuente: El Espacio DkX

Excelente artículo de Eduardo Unda-Sanzana, no podemos quedarnos siempre con lo primero que nos digan y ya. Sobretodo si una afirmación nos afecta o perturba, hay que someterla a prueba antes de aceptarla sin más.

Cuando hacen profecías los astrólogos juegan al «puede». Si no aciertan en lo que dijeron, el haber dicho «puede» los salva, pues aclaran que nunca afirmaron con certeza que el fenómeno ocurriría. En cambio si aciertan, al día siguiente los verá en la prensa pidiendo reconocimiento por haber anunciado el fenómeno. Eso les permite decir una gran cantidad de cosas al azar y sólo destacar el mínimo porcentaje en que (igualmente por azar) más o menos aciertan. Un astrólogo que estos días busca fama de ese modo es Richard Nolle, quien comenta que el día 19 de marzo «puede» haber una serie de desastres naturales asociados a lo que él llama una «superluna», esto es, que la Luna estará en uno de los puntos más cercanos a la Tierra durante su camino en el espacio. Salfate, regalón de La Red y de la Universidad del Mar, se ha hecho eco de esta teoría y ya se encargó de divulgarla por televisión, además de agregar una cosecha propia de fenómenos que él asegura que están asociados a la Luna y que «pueden» ocurrir ese día.

Decir «puede» es buen negocio. El que lo dice no corre ningún riesgo y sólo cobra las ganancias cuando las hay. Hagamos algo más valiente y pongamos un poco de reputación profesional en la línea de fuego. Nollan y Salfate tienen razón cuando afirman que la Luna a veces se acerca a la Tierra en su trayectoria. En términos técnicos decimos más precisamente que la Luna tiene una órbita elíptica. Por si su geometría está algo oxidada, le recuerdo que una elipse es una especie de circunferencia alargada. Mire la siguiente figura:

La circunferencia está en verde, la elipse está en rojo. ¿Ve la diferencia? Si la Luna tiene una órbita elíptica, esto quiere decir que efectivamente hay partes de su órbita en que la Luna se encuentra más cerca de la Tierra que en otras partes de la misma órbita. De sus ramos de ciencia del colegio a lo mejor recuerda que la fuerza de gravedad entre dos cuerpos es mayor al ponerlos más cerca uno del otro. Si la fuerza que la Luna ejerce sobre la Tierra depende de su distancia, entonces en principio podría ser cierto que la órbita elíptica produjera fuertes diferencias en el tirón gravitacional entre ambos cuerpos, lo que desde nuestro punto de vista se traduciría en terribles cataclismos. ¿O sea que Nollan y Salfate tienen razón? No. Lo que no hemos considerado hasta este punto es qué tan elíptica es la órbita lunar.

Para medir qué tanto se diferencia una elipse de una circunferencia se usa una cantidad llamada «excentricidad». En términos sencillos la excentricidad es un número que va entre 0 y 1. Si el número es 0, tenemos una circunferencia. Mientras el número más se acerca a 1, más y más deformada se encuentra la circunferencia y por tanto más importantes serían los efectos de distancia entre cuerpos como la Luna y la Tierra. El valor de la excentricidad para la órbita lunar es 0.055. ¡Es casi 0! Si dibujamos la órbita de la Luna en verde versus una circunferencia en rojo obtenemos esta figura:

¿Puede ver siquiera que hay dos curvas en la misma figura? La órbita lunar es tan, pero tan poco elíptica que es casi imposible notar que se trata de una elipse si no hacemos medidas con instrumentos de altísima precisión. Espero que esto le deje claro que el acercamiento lunar del 19 de marzo no es nada del otro mundo… La distancia a la Tierra prácticamente no cambia, así que la fuerza que ejerce sobre la Tierra prácticamente no cambia tampoco. Pero espere, eso no es todo. Lo que le dibujé en la figura de más arriba es una órbita, de modo que la Luna está siguiendo ese camino cada vez que da una vuelta en torno a la Tierra, es decir, aproximadamente cada mes. ¿Cada mes? Sí, cada mes. El mes pasado, por ejemplo, la Luna estuvo prácticamente a la misma distancia. Y el mes anterior. Y el anterior al anterior. ¿Por qué entonces Nolle pone especial atención a algunos de estos acercamientos?

Como usted puede ver en un reporte preparado por NASA, el acercamiento mensual máximo entre la Luna y la Tierra varía entre 356 y 370 mil km en un período de 5000 años, de modo que el valor medio de ese acercamiento es alrededor de 363 mil km. A Nolle le parece que son importantes aquellos acercamientos en que la distancia entre la Luna y la Tierra es igual o menor que esos 363 mil km. Tan importantes son para él esos acercamientos que les llama «superlunas extremas». Además, por alguna razón más difícil de entender, a él le parece importante qué iluminación tenga la Luna cuando el acercamiento se produce. Esto es como decir que 1 kg de azúcar será más pesado si usted lo ve iluminado de frente, pero bueno… Sigamos el juego y digamos que los acercamientos que él selecciona son los importantes y los demas no.

En los últimos 50 años los terremotos más fuertes del mundo han ocurrido en estas fechas (el último número es la magnitud):

  • 22 mayo 1960, Chile, 9.5
  • 13 octubre 1963, Rusia, 8.5
  • 27 marzo 1964, USA, 9.2
  • 4 febrero 1965, USA, 8.7
  • 26 diciembre 2004, Indonesia, 9.1
  • 28 marzo 2005, Indonesia, 8.6
  • 12 septiembre 2007, Indonesia, 8.5
  • 27 febrero 2010, Chile, 8.8
  • 11 marzo 2011, Japón, 8.8

En los mismos 50 años las superlunas extremas de Nolle ocurrieron en:

  • 20 noviembre 1972
  • 8 enero 1974
  • 26 febrero 1975
  • 2 diciembre 1990
  • 19 enero 1992
  • 8 marzo 1993
  • 10 enero 2005
  • 12 diciembre 2008
  • 30 enero 2010
  • 19 marzo 2011

¿Ve alguna correlación entre las dos series de fechas? Para nada. Como él quiere vendernos su teoría como sea, nos pide que no nos fijemos sólo en las superlunas extremas (que según él debieran ser las de mayor influencia) sino también en otras superlunas ordinarias, de las cuales ocurren unas 5 cada año. Eso hace que el número de fechas posibles aumente a unas 50, y bueno, mientras más números compre, más posibilidades tengo de ganar 🙂 de modo que de vez en cuando alguna superluna ordinaria cae por casualidad a unos días de diferencia, o una semana, o lo que a él le parezca conveniente (como en el caso de Japón) de un terremoto importante. Esto a él le parece muy significativo… Por supuesto que no da ninguna explicación de por qué en la mayoría de sus superlunas no ocurre nada especial.

¿Necesitamos preocuparnos el 19 de marzo? Sólo lo mismo que nos preocuparíamos cualquier otro día. Lucrar de sembrar el miedo y promover la ignorancia requiere cierta bajeza moral que ojalá sea poco común en Chile, aunque ya hemos visto que no es inexistente. Usted cuide a quienes lo rodean, no promoviendo vivir en base a miedos infundados sino construyendo una cultura de la prevención. Vivimos en un país sísmico y por mucho que nos dé una falsa sensación de seguridad creer que hay personas con algún poder de predecir cuándo ocurrirá una catástrofe, lo cierto es que aún no tenemos los medios de predecir cuándo tendremos otro terremoto. ¿Qué hacer entonces? Estar siempre preparados. Es obvio ¿no?

Artículo original del Profesor José Miguel Piquer (DCC, Universidad de Chile) en el blog Bits, Ciencia y Sociedad en Terra.

En muchos aspectos de mi vida, me ha tocado enfrentar discusiones sobre cómo tomar decisiones complejas: por ejemplo asignar el presupuesto anual de un organismo, decidir si aprobar o rechazar un proyecto, elegir al ganador de una licitación, decidir si un académico merece subir de jerarquía, etc. La discusión siempre oscila entre tener reglas claras, conocidas por todos y bien definidas (un algoritmo), contra aplicar el criterio experto de una persona o un grupo de personas (sentido común).

La mayor parte de las veces, los sistemas de toma de decisiones son una mezcla de ambos: un reglamento de carrera académica y una junta de evaluación, o unas bases de licitación con una pauta de evaluación que aplica un comité de evaluadores. Sin embargo, el equilibrio de fuerzas entre ambos es precario: si los expertos opinan distinto a lo que arrojan las reglas, ¿qué hacemos? Los seres humanos parecemos ordenarnos en dos clases de equivalencia en esos casos: los que creemos que el criterio y el sentido común es lo que importa, y los que creen que lo más importante es cumplir con las reglas. A modo de ejemplo, los abogados chilenos tienden a estar en el segundo grupo, los ingenieros están divididos y los médicos tienden a estar en el primer grupo. Eso explica que alguna gente confunde la ley con la moral: “¿Usted los estafó?” pregunta el periodista, y el acusado responde “no, yo no hice nada ilegal”. También explica que muchos médicos no acepten que el hospital tiene un presupuesto y que no se puede gastar infinito, aunque se trate de vidas humanas.

La discusión no es trivial: las reglas claras favorecen la transparencia y la confianza en que la decisión se tomó sin influencias externas, favoritismos o corrupción; aunque sea una decisión errada. El sentido común favorece la mejor decisión y le da más sentido de responsabilidad al grupo evaluador.

Chile es un país desconfiado y se considera que uno de los mayores obstáculos para hacer negocios acá es el nivel de desconfianza que impera. Creo que eso mismo ha llevado los últimos años a un movimiento cada vez más fuerte hacia sistemas basados en reglas claras, ojalá implementadas por computadores, donde lo único importante es la letra y donde parece que el espíritu fuera muy parecido al pecado. El ideal nacional del Portal de Compras Públicas del Estado sería un algoritmo: un checklist de condiciones de la oferta, y de los que aprueban se escoge al más barato. Asignar Becas Chile: saco promedio de notas, rankeo universidades según Shanghai, rankeo especialidades según necesidades nacionales, filtramos por edad y ¡listo! ¿Para qué voy a incluir seres humanos en la evaluación?

Un ejemplo extremo de este fenómeno lo representa la PSU: un computador decide si yo entro o no a una carrera, sin que ningún ser humano mire mis antecedentes o historia. Cuando hemos propuesto evaluar más integralmente a los postulantes, incluyendo entrevistas personales, ensayos, u observarlos mientras solucionan problemas, la reacción es de terror absoluto: creen que es imposible tener una comisión experta que no se vea influenciada por un telefonazo del ministro para que ayuden a su hijo a entrar.

Antes de seguir, debo dejar en claro que yo me clasifico 100% en los que creen en el sentido común, e incluso diría que no soporto las reglas. En mi experiencia, nunca se logra plasmar en un algoritmo el verdadero criterio de selección que uno quiere tener para tomar una decisión. Mientras más compleja la decisión, peor. Cuando he visto aplicar algoritmos, siempre pasa que uno mira el resultado y dice: “¡Ah!, debimos haber incluido otro criterio”. Las reglas son un zapato chino, que nos obliga a tomar la decisión que no queremos tomar, que sabemos que es errada, pero que respeta las reglas. No hay nada más idiota que seguir un camino errado a sabiendas, sólo porque “está escrito”. El algoritmo que implementa las reglas es la mejor implementación que he conocido de la Estupidez Artificial, es decir, la implementación por computador de un ser humano 100% estúpido.

Por otro lado, creo que el sentido común no es programable, no lograremos nunca (en nuestras vidas, al menos) codificar unas reglas que de verdad implementen el criterio de selección de un comité de expertos, que escojan la mejor opción, el mejor estudiante, el mejor académico. Por eso es que todavía contratamos seres humanos, a pesar de lo difíciles, complicados y caros que son. Si pudiéramos reemplazarlos por computadores, ya lo habríamos hecho sin dudarlo ni un segundo. Me ha tocado batallar mucho con mis computadores y mis sistemas operativos y mis aplicaciones. Pero eso no es nada (de verdad, NADA) comparado con mis empleados, mis pares, mis hijos.

¿Cómo entonces aplicar el sentido común en un país desconfiado? Primero, creo que debemos oponernos a las reglas todo lo posible: mucha gente simplemente no entiende que uno no puede seleccionar postulantes, asignar licitaciones o tomar decisiones por computador. Segundo, creo que hay que tener comités de expertos con plenos poderes para decidir, pero donde sus miembros se hagan responsables de los resultados. La transparencia está en conocer quiénes son sus miembros, cómo se eligen y reemplazan, y cómo se toman las decisiones dentro de ese comité. Pero luego, los miembros del comité votan según sus propios criterios, sin reglas ni computadores que decidan. Tercero: debemos esforzarnos por ser más confiados. ¿Cuántas veces los han realmente estafado en la vida? Hagan un cálculo rápido de porcentaje: ¿Obtienen un 1% de estafa? ¿Un 10%? Luego calculen lo que han gastado en prevenir estafas (contratos draconianos, notarías que retienen los cheques, negocios que han perdido por no confiar). ¿Ustedes creen que realmente vale la pena?