Listado de la etiqueta: Crítica

Como es bien sabido, durante estos últimas semanas se han producido marchas de estudiantes, cuya motivación es la mejora de la calidad de la educación y un mayor aporte estatal para terminar con el enorme endeudamiento que deben aceptar los estudiantes para acceder a la educación superior, incluso en las universidades estatales.

Como es inevitable en cualquier manifestación, no faltan los delincuentes de siempre que aprovechan estas situaciones para hacer destrozos, delinquir y enfrentarse con la policía, los cuales invariablemente aparecen en los noticieros como el hecho más destacado. Lamentablemente, esto opaca mediáticamente el verdadero movimiento masivo de estudiantes que, legítimamente y en orden, se expresa de manera contundente.

La siguiente columna es de Patricio Fernández y fue publicada en The Clinic On-Line. En ella se describe la marcha multitudinaria de la semana pasada.


Galería de Patricio Fernández

Recién regreso de la marcha de los estudiantes. No sé las conclusiones que sacarán los analistas de este desfile multitudinario, pero nada demasiado fino si no estuvieron allí.

Las estimaciones hablan de 70.000 personas. Ni idea. Contarlos uno por uno hubiera sido un delirio, mientras que perderse en medio del carnaval era tan natural como dejarse llevar por un río.

La gigantesca mayoría estaba constituida por pingüinos [escolares] y universitarios. Los viejos que sostenían lienzos y encabezaban columnas, eran casi todos seguidos por estudiantes.

El slogan izquierdista ortodoxo de las pancartas mejor elaboradas, no era exactamente el mismo de los gritos y los carteles artesanales. Supongo que por ahí entra la mano del PC [Partido Comunista], empresa especialista en intervenir movimientos sociales.

Pero no nos detengamos en minucias: los manifestantes -el Chile del mañana, como diría un político en tiempos de campaña-, vestían de modo variado y, a veces, estrambótico; no era rabia lo que emanaba de sus movimientos, sino más bien la felicidad de no saberse solos.

Bandas de música, escuelas de baile, asociaciones circenses, jóvenes disfrazadas, con el pelo de color, ninguna bandera partidaria (salvo la comunista por ahí), skeaters, federaciones estudiantiles, liceanas desacomplejadas…, todo esto fluía por la Alameda, hoy al mediodía.

Obligado a decir lo qué se pedía en la marcha, diría que mayor igualdad. Las consignas apuntaban todas hacia allá. Educación pública y gratuita, la misma para todos, mucho si se piensa desde el llano realismo, pero nada del otro mundo a la hora de soñar.

Es harto sensato pretender que los hombres nazcan libres e iguales en dignidad y derechos; de lo contrario, no arrancarían así la mayor parte de las constituciones jurídicas occidentales.

Había grupos de escolares que trataban de inepto al Presidente de la República en sus gritos. Le decían: “Wéa, aprende a gobernar!!!”. No quisiera estar en los pantalones de Piñera.

Tiene desordenado el frente interno, ha perdido el respeto dentro y fuera de sus filas, cada día se habla menos de su indiscutible inteligencia, ahora le dio con que era Inca, mientras la ciudadanía, desde los flancos más disparatados, le reclama un nuevo pacto.

Es uno de esos momentos en que algunos sudan de preocupación, al tiempo que otros se llenan de entusiasmo: los primeros porque van en retirada, y los demás porque juran que es su turno.

Habrá que ver el curso que toma este torrente. Arriesga ahogarse cualquiera que no lo tome en serio.

Artículo original del Profesor José Miguel Piquer (DCC, Universidad de Chile) en el blog Bits, Ciencia y Sociedad en Terra.

Por José M. Piquer, profesor del Departamento de Cs. de la Computación, FCFM. U. de Chile.

En el mundo, se ha desarrollado una fuerte tendencia hacia la privatización de las universidades. En gran medida, esto ha permitido masificar la educación superior, sin requerir más inversión pública en el sistema. También existen otras razones: las universidades tradicionales se veían como muy conservadoras, elitistas y aisladas de la sociedad, la que cada vez requiere más aporte de conocimiento a su economía y desarrollo.

Por ello, también las universidades estatales se han ido privatizando: han ido cobrando matrículas cada vez más altas, deben competir por fondos abiertos para financiar la investigación y deben buscar inversión privada en proyectos rentables. Chile es uno de los ejemplos más agresivos en el mundo en esta vía hacia la privatización y, junto a Corea del Sur, son los únicos casos en que la enorme mayoría de los costos de la educación superior recae en las familias, con muy poco apoyo de subsidios estatales.

En estos días el país discute una reforma a la educación superior que busca continuar por esta misma vía: hacer que las universidades tradicionales y las privadas nuevas sean iguales (o al menos más iguales que antes), y tengan acceso a los mismos subsidios. Ese escenario va borrando las diferencias entre universidades antiguas y nuevas, y entre estatales y privadas. Por ello es relevante la pregunta: ¿Para qué queremos universidades estatales?

La diferencia básica entre universidad estatal y privada es, obviamente, su dueño. El pertenecer al Estado generalmente conlleva muchos problemas bien conocidos: falta de flexibilidad, falta de movilidad, lentitud y burocracia. El ser privado, conlleva muchas ventajas en todos esos aspectos. Por ello, me ha costado largo tiempo entender para qué sirven las universidades estatales, a pesar de llevar trabajando casi 25 años en una.

La razón para querer tener universidades estatales, a pesar de todos estos problemas, es porque los países necesitan de ellas para garantizar una voz académica, total y completamente independiente, que difunda el conocimiento que en ellas se cultiva. Aunque a veces lo olvidan, los gobiernos y las empresas necesitan un lugar donde poder acudir con preguntas difíciles y tener garantías de que la respuesta será técnica y veraz, independientemente de ser políticamente correcta o no, y libre de todo conflicto de interés. Sólo una universidad estatal y autónoma puede satisfacer ese requerimiento, y aún así es difícil lograrlo en un 100%, porque siempre hay lugar para conflictos de interés donde hay seres humanos.

La única diferencia de fondo entre una universidad estatal y una privada, y lo que garantiza esa independencia y libertad académica, es que la primera tiene un financiamiento estatal de base garantizado y total autonomía en su ejecución presupuestaria. Eso le obliga a cumplir una misión pública: ayudar al país a desarrollarse, rindiendo a la comunidad el fruto de sus acciones, tanto en docencia como en investigación y extensión. Ese fondo no puede ser concursable -o estará sujeto a las prioridades del gobierno de turno- ni privado, porque estará sujeto a los intereses de quienes lo financian. Por supuesto, en estos tiempos modernos, se requiere dar cuenta de esos fondos: qué está haciendo la universidad que justifique ese financiamiento público.

Por esto es que el concepto de universidad estatal autofinanciada es un absurdo, una contradicción en sí. Y por eso es que en Chile el sistema estatal de universidades está prácticamente destruido, salvo muy honrosas (pero escasas) excepciones.

Una universidad privada, o una pública autofinanciada, puede cumplir una misión pública por algún tiempo, pero no está “obligada” a ello. Un cambio de opinión en sus dueños, o un conflicto de interés, puede cambiar esto drásticamente. La única forma de garantizar la independencia y la entrega a la comunidad es contar con un financiamiento estatal basal fuerte.

¿Qué porcentaje del financiamiento total debiera ser ese aporte? Hoy en día parece ser razonable dejar espacio para fondos concursables, aportes privados a proyectos específicos y aranceles para quienes pueden pagarlos. Eso le inyecta dinamismo y preocupación por servir a la sociedad en forma directa. Por lo tanto, no debe ser un 100%. Los franceses dicen un 80%. Nosotros creemos que es como un 50%. Un ejemplo que muestra el problema de pasar por debajo del 50% es el caso de una universidad estatal que se financia en un 70% de los aranceles de pregrado que cobra. ¿Cómo puede tomar los temas de equidad? ¿Cómo puede aplicar criterios de meritocracia o mantener aranceles bajos? ¿Cómo decide abrir una carrera importante para el país pero con pocos alumnos inicialmente?

Por ello, resulta obviamente absurdo tener una universidad estatal con un aporte basal que corresponde al 15% de su presupuesto, como ocurre en la Universidad de Chile. Obtenemos todos los problemas de ser estatales, junto con todos los problemas de ser privados, sin tener las ventajas de ninguno.

Por citar un caso que viví personalmente, el desarrollo temprano de Internet en las universidades chilenas fue liderado por las universidades estatales. Le dedicamos enormes cantidades de tiempo, esfuerzo y recursos de nuestras instituciones a un proyecto en el que nadie creía: ni el gobierno, ni el sector privado, ni nuestras propias autoridades universitarias. Nosotros sentíamos que ese proyecto era importante para el país, y por ello era lógico que le dedicáramos nuestro esfuerzo, era parte de la misión de nuestras instituciones, incluso cuando nuestros rectores no lo entendían así. Es lo que se espera de las universidades estatales. Y dudo que hoy seamos capaces de hacer algo equivalente.

Creo firmemente que el país requiere asignar un financiamiento estable y fuerte a sus universidades estatales, manteniendo una sólida autonomía presupuestaria. Si esto no es posible, es mejor terminar el proceso de privatización entregándoles la propiedad de la universidad a sus académicos, liberándolas de la administración pública y dejándolas compertir como cualquier universidad privada. Jugar a ser estatales, bajo reglas del juego privadas, no nos lleva a ninguna parte, genera tensiones en todas las estructuras y nos obliga a vivir en el peor de los dos mundos.

Aceptémoslo, los humanos somos seres demasiado simples. Podemos pensar que hemos logrado grandes cosas, pero es sólo desde nuestra limitada perspectiva, puesto que es esa misma limitada capacidad la que nos impide vivir en el mundo que nos gustaría, lamentablemente.

No, no me he fumado nada ni he tomado nada, de hecho no fumo ni me he emborrachado nunca, así que no comience a sospechar. Este artículo responde a un razonamiento fuera del recipiente (o dentro, si le parece) que he venido desarrollando durante algún tiempo.

El ser humano tiene una capacidad de percepción del mundo extremadamente limitada por sus sentidos, y su capacidad de análisis se restringe a un limitado número de casos. Es por eso que generamos modelos que nos rigen, como un manual de usuario para vivir, los cuales llevarán toda la complejidad del mundo y de la vida a una serie de normas absolutas que deben cumplirse. Entre esas normas está la religión, la política e incluso la ciencia, como lo intento aclarar en otro artículo.

Dentro de la simpleza de nuestra mente necesitamos hacer entrar complejas situaciones, como un bebé que intenta meter una figurita de estrella en la caja con una abertura circular, pero con la diferencia que nosotros le cortamos las puntas a esa estrella porque desde lejos «parece una esfera» y así construimos nuestros modelos, despreciando aspectos que nos parecen irrelevantes de la verdad. De esta manera, todo hecho, toda situación, tendrá un conjunto de variables que pueden ser más o menos relevantes según las creencias de la persona que analiza.

¿Y qué pasa con eso? bueno, resulta que tendremos sectores que les gusten los cuadrados y sectores que les gusten los cículos (o los triángulos) y cuando toque insertar una estrella de N puntas, cada grupo «cortará» las puntas que necesiten para hacerla encajar en la forma que les gusta. Entonces, sucede que a los humanos nos gusta también pertenecer a un grupo, una pandilla, una secta, partido político, religión, tribu, país, escuela, universidad, equipo deportivo, ciudad, raza, etc. En definitiva, a cualquier agrupación de personas con algún aspecto en común, nos sentimos solos en nuestra individualidad y por eso buscamos el apoyo de un grupo de personas. El problema es que para solventar esa inseguridad de sentirse «solos contra el mundo» tenemos que aceptar que a la agrupación que pertenecemos le gustan los triángulos o los círculos, con todo lo que ello implica y no importa si de repente vemos que una estrella tiene varias de sus puntas que nos gustaría conservar, como a «nosotros» nos gustan los triángulos hay que cortarlas todas, y así hacemos lo posible por vivir una vida simple, amparados en el absoluto y el hecho de que nuestro grupo nos apoya en eso.

Es bastante fácil ampararse en eso, en una política de grupo, porque así no hay que pensar, ya todo está resuelto y como buenos animales, siempre buscaremos el mínimo esfuerzo. El problema es que dentro de esa agrupación, siempre surgirá alguien que intente pensar un poquito más, será el que transmita las cosas a los demás y lo hará inevitablemente desde su perspectiva personal, cortando las puntas que quiera a la estrella y mostrando las que quiere mostrar a los demás. Como los demás miembros no quieren pensar, no cuestionarán la opinión del que «sabe más», entonces todos lucharán como equipo y desde la pasión (no la razón) por una causa en particular, convirtiendo a la gente, a la masa en meros títeres voluntarios de un pequeño subsector.

Y así, espontáneamente vamos distorsionando la realidad, nos ponemos a pelear entre nosotros y los inteligentes que ven los círculos no pueden comprender cómo los otros estúpidos ven cuadrados y viceversa, aún cuando estén observando exactamente la misma situación. Así es como llevamos este sentido de pertenencia al extremo, al absoluto y comenzamos a pensar en términos de buenos y malos donde, por supuesto, yo estoy en el lado bueno y los otros son los malos. Todo por seguir ideas absolutas sin siquiera pensar que en sí mismas esas ideas son inconsistentes.

¿Por qué digo inconsistentes? bueno, pondré algunos ejemplos. Imagínese que un día le toca ver las faenas en un matadero de cerdos y siente un profundo impacto por la crueldad con que esos animales son matados, crueldad que le parece innecesaria porque podría no comer cerdo, aún así podría vivir sin problemas y sin hacer sufrir a los cerditos. Entonces se vuelve vegetariano, no vamos a hacer sufrir a los animales, querrá preservar entonces toda forma de vida, y si se entusiasma mucho, tampoco comerá huevos, leche o cualquier producto de origen animal. Digamos que le gusta eso, se siente en comunión con la madre naturaleza y sigue entusiasmándose con no tocar la vida, ya no mata a una araña que aparezca en su habitación sino que la deja ir en paz, se compra algunas matitas y las cuida con amor en su casa, sólo para darse cuenta de que también son formas de vida que en efecto reaccionan según el cuidado que se les de, pueden inundar su hogar con la maravillosa belleza de las flores y su aroma, de ninguna forma se las comería. Ahora la cuestión se pone más absoluta «vamos a cuidar la vida» y las plantas son tan vida como los animales, la única diferencia es que las plantas no se mueven ni lanzarán un grito de dolor si las mutila o se las come. Entonces sería mejor no comerse a las plantas y se acaba de quedar sin alimento para sobrevivir. Muchos asocian este tipo de conductas a creencias religiosas y generan umbrales diciendo que sólo comerán aquellos alimentos que han crecido gracias a la energía directa del sol y no se han contaminado con otras formas de vida, pero aún así comen hongos que no hacen fotosíntesis. Más aún, desconocen totalmente el hecho de que el sistema digestivo del ser humano es apto para consumir carne por una buena razón, luego, es antinatural abstenerse de consumir cualquier tipo de carne… ¿Y no se supone que estas ideologías defendían la sabia acción de la madre naturaleza?. Conclusión: Inconsistencia… ¿Entonces debemos ser felices con tremendos asados todos los días? NO, otro absoluto… Quizás si siguiéramos una dieta balanceada y adecuada, sin comer de más, sólo se matarían los animales necesarios para sobrevivir, pero como ese «punto de equilibrio» es más ambiguo, nadie lo defenderá porque todos pedirán algo absoluto, como una dieta estricta para todos o algo así, que tampoco funcionaría.

Y hablando de alimentación, imagínese que usted es un científico, que cree en su ciencia al extremo. Dios no existe, el universo está regido por leyes físicas determinadas, no hay espacio para Dios en la ecuación (como sostiene un conocido físico que habita una sofisticada silla de ruedas). Bueno, entonces seamos prácticos, usemos la lógica para todo, la ciencia es una manera supuestamente autoconsistente de describir el mundo. Un día comienza a cuestionarse el por qué de su existencia, comienza a ver las cosas en perspectiva y se da cuenta de que su vida la dedica trabajar y para usted no queda mucho salvo la satisfacción de haberse entretenido haciéndolo, que se desvanece cuando deja de hacerlo, busca un sentido de trasendencia y sólo llega a la conclusión que lo máximo que puede hacer es buscar a un individuo del sexo opuesto para hacer funcionar los mecanismos biológicos que generarán otro individuo y así preservar la especie. ¿Pero para qué preservar la especie? bueno, sólo para que esos nuevos individuos tengan una vida tan miserable como la suya y mientras más le da vueltas a la idea comienza a volverse un nihilista. Su amargura crece y para solventarla va a comer algo, no sabe qué pedir y en eso se da cuenta de que es científico, deberíamos regirnos por eso, es más fácil seguir los modelos y bajo esa perspectiva el restorán no tiene sentido ¿Para qué gastar energía y recursos en hacer alimentos extraños si todos podríamos comer lo mismo, algo estándar como la comida para perros, con el exacto contenido de grasas, vitaminas, proteínas y minerales necesarios para el cuerpo? Entonces todos seríamos más saludables, pero ¿estaría dispuesto a comer bolitas insípidas todos los días por el resto de su vida?. Conclusión: Inconsistencia y una depresión aguda.

Y así hay muchos ejemplos más, como el del capitalismo que llevado al extremo, es exactamente lo mismo que «la ley de la selva», el más fuerte se «come» al más débil, con la diferencia que la desproporción de fuerzas puede ser abismante, con una miseria en la población tremenda… Se supone que eso no es humano, hay que evitarlo, hay que «evitar que la burguesía se aproveche del proletariado» dice un señor por ahí… Bueno, seamos comunistas absolutos, no hay propiedad privada, la gente tiene una asignación de lo que puede consumir al mes, el pueblo trabaja para el pueblo y casi nadie tiene más que los demás, todos tienen cubiertas las necesidades básicas… Y si tengo lo indispensable para vivir ¿para qué trabajo?, no me voy a esforzar si no obtengo recompensa y trabajar o no hacer nada no es diferente, total, no voy a estar mejor que ahora ni peor, no me moriré pero tampoco surgiré. Entonces todos piensan igual, nadie trabaja y el sistema se desbarata solo. Más inconsistencias.

Por eso es que hay que tener mucho cuidado con los absolutos, ninguno es consistente y es nuestra responsabilidad buscar mirar las cosas desde una perspectiva más amplia, sopesar y observar todas las puntas de la estrella antes de decidir cortar alguna. No podemos dejarnos llevar por supuestos sabios que apelan a nuestra pasión para apoyarles, porque podemos caer fácilmente en ser títeres de otros, defendiendo cosas sin sentido, así como muchos han defendido y defienden dictaduras en todo el mundo, sólo porque alguien cortó las puntas necesarias para que creyeran que eso es lo mejor, aún cuando no tengan libertades.

Y si ha llegado a este punto en la lectura, mis felicitaciones, la verdad tiene mucha paciencia. Comprendo que he estado reflexionando, por caminos sinuosos y básicamente: Razonando fuera del recipiente.

 

No necesito decir que hoy se ha aprobado el polémico proyecto energético Hidroaysén, es la noticia del día. Se han armado manifestaciones violentas en varias ciudades del país y se vive un clima de conflicto que no se sentía desde hace mucho tiempo.

Tengo que decir que todo esto es una verdadera vergüenza para el pueblo chileno, el cómo se ha abordado este tema es exactamente lo que NO tenemos que hacer nunca y muestra que estamos a años luz de ser gente civilizada y mucho más de ser un país desarrollado.

Hace mucho tiempo que la cuestión no se trata de si es ambientalmente tolerable el proyecto, de si es estrictamente necesario ejecutarlo, de si existen energías alternativas, de si hay presiones por parte de empresarios o si se está «vendiendo el país», esto se trata de que «¡YO TENGO RAZÓN Y PUNTO!». Una actitud infantil que históricamente le ha costado mucho a la humanidad y desgraciadamente seguirá siendo así.

Sigo viendo la televisión, las opiniones de contactos de facebook, llamados de televidentes y hay una cuestión clara: En este momento está de moda rechazar Hidroaysén.

Claro, es super fácil, cuidar la naturaleza es una causa loable (o una buena publicidad), los políticos de oposición pueden hacer ruido y poner sobre los hombros del gobierno la responsabilidad de «la tragedia más grande de este país», los ecologistas pueden gritar de que morirán los animalitos y los arbolitos. Por otro lado el gobierno se defiende diciendo que se siguió un proceso legítimo, que hay que dejar funcionar a las instituciones y que se harán cumplir las normas y requerimientos a la empresa.

Lo que vemos hoy en las calles no es más que el sentimiento de rabia de un niño al que no le hacen caso, pero pocos, realmente pocos se han puesto a analizar las cosas con detenimiento. Mucha gente dice cosas «que le dijeron» o que suponen, es super fácil decir cosas sin fundamentos y total si los malos son los otros, todo vale.

Lamentablemente la gente es fácil de engatusar, por eso los partidos políticos siempre apelan al pueblo, a los más pobres, a la gente que está tan ocupada resolviendo su vida, que no le interesa verificar si es cierto o si tiene sentido lo que le dicen. Y esta no es una crítica discriminatoria, simplemente es una interpretación de la teoría de Maslow que resulta ser consistente con la realidad: La masa de la población es vulnerable a creer casi cualquier cosa. Si no me creen fíjense en la cantidad de dictadores y tiranos que ha habido.

Pero bueno, el asunto no es ese, el asunto es que todos afirman cosas y la gente no tiene cómo saber a quién creer. Como siempre digo, las personas tienen razones para creer en lo que creen y por eso es que siempre se pueden dar argumentos para lo que sea así sean falsos (y aprovechar la vulnerabilidad de la masa).

El gobierno hace un llamado a que se respete la institucionalidad, a que no se haga un «escándalo» por algo que no lo amerita, argumentando que las instituciones funcionan y la verdad es que no deja de ser «curioso» que un proyecto tan controversial, que genera tanto debate a todo nivel haya sido aprobado sin ningún voto en contra. Eso genera dudas que son razonables, los votantes son todos Seremis (Secretarios Regionales Ministeriales) y al ser funcionarios de confianza del gobierno, los votos fraudulentos quedan a un llamado telefónico de distancia. Tocaría entonces investigar lo que sucedió allí, ver si existen relaciones entre funcionarios del gobierno y los privados interesados en el proyecto. Los gobiernos suelen enmascarar sus abusos y aprovechamientos diciendo que todo se ha hecho de acuerdo a la ley.

Vivimos en un país de acusaciones, Tomás Mosciatti disfruta destapando todo tipo de conspiraciones oscuras en la radio, pero continuamente veo que todo eso queda en nada… Si las cosas son tan graves hay que investigar y seguir el proceso hasta el final ¿no? La verdad, es más fácil tirar la piedra y esconder la mano. Al final da lo mismo porque los que abusan siguen haciéndolo.

Por otro lado, a mí me gustaría saber por qué se ha hecho tanta propaganda en contra de Hidroaysén y no ha sido igual la cosa con el montón de termoeléctricas que están en proceso de aprobación y construcción en el país. Esa campaña publicitaria no se financia de la nada, alguien tiene que poner esos fondos ¿no?. Quizás es mucho mejor depender del petróleo y el carbón emitiendo toneladas de CO2 a la atmósfera, no sé, si alguien lo explicara bien lo podría entender. Lo cierto es que a la gente de Patagonia Sin Represas no parece molestarles tanto la existencia de estas termoeléctrias, básicamente sólo las mencionan.

Y si hablamos de ambientalistas, no lo hacen mejor que los políticos. De partida porque todos se llenan la boca con las energías alternativas y «verdes» sin saber si quiera qué es un Mega Watt, sin entender que el sistema eléctrico es una máquina que funciona bajo una serie de reglas físicas, sin entender que sus maravillosas alternativas destruirían el doble de superficie o más en otras zonas del país. La verdad no sé por qué les parecen tan lindos los generadores eólicos y los paneles solares, y tan feas las represas, yo no veo la diferencia. Y ahí están los amigos del plantea generando residuos tóxicos con sus computadores, con la basura de sus casas, con las pilas que botan y gastando un montón de energía eléctrica, generada de manera sucia, en sus grupos de facebook y páginas.

Todo esto es política señores, todo esto son influencias, todo esto está podrido de lado y lado. A mí me gustaría hacerme una idea real de lo que de verdad significa este proyecto pero lo único que veo son ataques mutuos, manifestaciones violentas y estupidez humana en su estado más puro. Si me hablaran de cómo realmente impacta ambientalmente un proyecto y otro en comparación justa, si me hablaran de cómo hacer que funcione un sistema donde la potencia consumida es idéntica a la generada y no hay forma de guardarla sino que hay que generarla a cada instante así, si me hablaran de cómo la regulación de este mercado haría que la energía nos costara menos o se enriquezca ridículamente una empresa extranjera a costa de nuestros recursos quizás entienda lo que pasa, pero así como estamos, no se puede pensar en nada.

En los altos de Cartagena, en una humilde cabaña vive en el abandono Heine Mix con sus 72 años. Actor y director de teatro, en los años 70 vivió sus días de gloria hasta que sucedió el golpe militar en 1973. Como mucha gente de su área, debió abandonar el país, vivió en varios países hasta que regresó en los 90. Sin embargo, todo era diferente, ya no habían puertas abiertas para él y su arte, lo que le llevó a su precaria condición actual.

No estamos hablando de un indigente «por elección» o de un hermitaño. Heine Mix fue marginado, se le negaron las oportunidades que necesitaba y fue simplemente desechado.

Creo que nunca es tarde para brindar oportunidades, Heine no sólo necesita un hogar, sino una oportunidad para recuperar su dignidad como artista de teatro, la oportunidad que le proporcione la vida que se merece.

Amigos chilenos, ¿Saben ustedes de alguna instancia estatal que pueda ayudar a Heine Mix? TV San Antonio hizo este reportaje, si alguno pudiera ayudar a este amigo del teatro de seguro él se los agradecería mucho. Gracias de antemano.

Fuente: El Espacio DkX