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Compre Neurotox, es la solución a sus problemas, pues con la potente neurotoxina directamente extraída de la Cobra de Asia, usted dejará inmediatamente sus males atrás, pues su efecto relajante muscular es prácticamente inmediato y definitivo con este producto 100% natural.

¿Parece una locura no? comprar un envase con el veneno de la cobra que le llevaría a la muerte de manera casi inmediata si no encuentra atención médica y el antídoto a tiempo. Este veneno es 100% natural, así como muchos otros químicos que se extraen de la naturaleza. Entonces, ¿por qué la gente cree que 100% natural significa «bueno para la salud e inofensivo»?

Esto pensando en el timo en el que están cayendo muchos al comprar remedios de todo tipo, que se dicen 100% naturales y que, aunque lo fueran, pueden ser tremendamente perjudiciales para la salud. Después de todo, el tabaco también es natural y vaya que ha matado gente.

Ya sean adelgazantes, vitaminas, pastillas para crecer o achicarse, lo que sea, siempre hay que tener cuidado a lo que uno expone su cuerpo y creer en la etiqueta de que algo es «natural» es al menos iluso.

¿Pero cómo se atreven a exponer a la gente a estas cosas? bueno, creo que esa no es la pregunta correcta, pues la responsabilidad es de cada uno, está demostrado con creces de que algunos seres humanos no tienen escrúpulo alguno a la hora de encontrar una manera de ganar dinero, si no me creen pregúntenle a los dueños de las farmacias que se coluden o a los narcotraficantes. En ese ambiente no podemos sentarnos a esperar que llegue superman a cuidarnos (o el estado), la responsabilidad es nuestra y para generar un mercado se necesita tanto de vendedores como de compradores.

En definitiva, si usted tiene dos dedos de frente y cree entender lo que significa autocuidado, jamás compre medicamentos o remedios de ningún tipo en el comercio informal, ya sea por internet o en ferias. No importa que se vea lo más «natural» del mundo, pues lo natural también puede ser mortal.

La lógica dice que la obtención de un grado académico está relacionada con la finalización de un proceso de aprendizaje de gran complejidad y sobretodo rigurosidad. Quien tenga un grado académico y/o un título universitario, debiera ser una persona que cumple con ciertos requisitos y es visto por la sociedad como alguien inteligente, cuya opinión es importante y siempre válida.

Este fenómeno es muy parecido al del delantal de los médicos, la gente le da otro valor a las personas con delantal blanco, se presupone que son personas de inteligencia superior y se les respeta. Tanto es así que en Japón se está volviendo el último grito de la moda el uso de estas prendas.

Lamentablemente estos no son más que prejuicios, tal vez no el típico prejuicio que va en desmedro de quien es prejuzgado, pero no es menos grave ya que nos vuelve vulnerables. ¿Cuántos son los casos de personas que se ganan la vida gracias a la compra de un delantal blanco, ejerciendo la profesión de médico sin tener título alguno? La cuestión es que tendemos a aceptar sin cuestionamiento alguno lo que las «personas inteligentes» dicen.

Volviendo al tema de los grados académicos, en la publicación sobre la curiosa proposición de la Editorial Académica Española, hasta el momento hay más de 50 comentarios, la gente se mostró muy interesada en resolver el enigma de la misteriosa editorial que, por nada publica tu tesis y te regala una copia impresa. Los comentarios en general han sido razonables, hay gente que piensa que es un completo fraude, hay gente que los defiende, incluso comentó alguien de la misma editorial para aclarar sus servicios. Sin embargo, hay algunos comentarios que me han decepcionado, comentarios de gente que en pocas palabras y con muy mala ortografía muestran que ni siquiera han leído el artículo principal, que han pasado por alto importantes puntos o que sencillamente están fuera del recipiente.

El tema es que las únicas personas interesadas en leer y sobretodo comentar un tema como éste, son aquellos que hayan realizado algún trabajo académico y que, por lo tanto, han sido contactados por esta editorial para publicar su trabajo. Uno podría suponer que las personas que cumplen requisitos para que se les contacte para publicar un trabajo académico suyo son rigurosas, meticulosas y con claridad mental, pero no, aún hay mensajes del tipo «ay qué hago, díganme qué hacer» o «me llegó un correo de ustedes y me gustaría saber…»

Esta decepción me deja la lección de que hay que ser críticos siempre, un título, un grado académico o un delantal no significan necesariamente que podemos confiar plenamente en lo que se nos diga, para eso tenemos nuestro propio criterio.

Excelente video sobre la anatomía de un conflicto social, lo que suele suceder y las fallas de cada uno de los sectores a la hora de enfrentarlos. Altamente recomendado!!

Nuevamente un excelente artículo del Profesor José Miguel Piquer, publicado en el blog Bits, Ciencia y Sociedad.

Uno de los argumentos que más duele en esta discusión sobre la educación superior en Chile es que el apoyar con más fondos a las universidades del Consejo de Rectores (y en particular a la Universidad de Chile) es “regresivo”, ya que estas universidades captan a los alumnos de las familias con más recursos del país. A cambio, son las privadas nuevas (y los Centros de Formación Técnica y Profesionales) los que reciben a los estudiantes más pobres y los que reciben menos ayuda estatal. Pareciera que la conclusión obvia sería dejar a las tradicionales como están hoy y dedicarse a generar más becas y fondos para las nuevas universidades privadas.

Lo que duele es que el argumento tiene algo de fundamento: las mejores universidades del país reciben sólo alumnos con los mejores puntajes en la PSU, y la PSU tiene un fuerte sesgo socioeconómico. Claro que la conclusión simple del argumento nos lleva rápidamente a un absurdo: habría que dar becas a los peores puntajes de la PSU para que entraran a las peores universidades del país, para ser justos. Y supongo que nadie considera razonable esa “solución”.

La lógica del autofinanciamiento que se aplicó a todo el sistema por igual, afectó fuertemente la misión de las universidades estatales: aquellas que han conservado la calidad, no tienen la opción de seleccionar en forma significativa alumnos por otra vía que la PSU, porque sale caro. Las que han perdido la calidad, han debido jugar el juego de las privadas nuevas: atraer alumnos con malos puntajes, aun sabiendo que no tienen ninguna chance de llegar a ser profesionales de buen nivel. Al final, en todo el sistema existe una sola división importante: las universidades buenas y las universidades malas.

Ahora que el anuncio presidencial nos permita tener esperanzas en que finalmente se inyectarán más recursos en el sistema de educación superior, creo que lo único realmente importante es garantizar que esos recursos no vayan a financiar las estafas que hoy existen en muchas universidades: vender la ilusión de un título de una profesión que el muchacho o muchacha jamás llegará a ejercer. Un sistema de control de calidad obligatorio y exigente resulta indispensable donde el mercado no es transparente y donde la asimetría de información es gigantesca. La prometida superintendencia de educación debiera fiscalizar fuertemente la calidad. Ninguna beca ni subsidio (salvo tal vez un aporte por una vez para mejorar la calidad) debiera ir a parar a una universidad que no logre una calidad mínima. Esas becas “al portador”, en que el alumno elige libremente donde gastarlas, resultan un crimen en este sistema: nos llenaremos de casos como las Becas Valech, donde se crea una oferta fraudulenta para seducir a estos becarios faltos de información. Sólo funcionarían si se define que son válidas en un conjunto de universidades restringidas y bien reguladas.

El sistema de educación superior existente en Chile fracasó. Creo que ese es el único mensaje claro que dieron los cientos de miles de manifestantes en la calle. Corregirlo es difícil y de largo aliento, pero creo que la principal lección que debemos retener es que, en este caso particular, las fuerzas del mercado no operan para mejorar la calidad y bajar los precios. Incluso la masificación del sistema -el único logro claro del sistema- es dudosa: ¿Realmente masificamos la educación superior? ¿No será que estamos vendiendo falsas ilusiones a mucha gente?

Creo que hay que partir trabajando con las buenas universidades existentes: más becas, más apoyos, más igualdad en el acceso. Al resto, hay que ir apoyándolas para que mejoren. Y algunas, simplemente hay que cerrarlas.

Por estos días se habla mucho de la educación superior en Chile, de las universidades estatales y privadas, del lucro y otras cosas más. Pero los medios tienden a ser dispersos en la información y el movimiento conjunto de estudiantes secundarios y universitarios puede confundir a más de alguien.

Respecto a la educación superior y al lucro de las universidades privadas, quiero compartir dos videos que en 16 minutos deberían dar una visión relativamente clara del tema, sin entrar en consignas políticas que sólo buscan aprovecharse de estos movimientos y terminan desvirtuándolos.

El primero es un fragmento del discurso del Rector de la Universidad de Chile, Víctor Pérez en la ceremonia de inauguración del año académico 2011. El segundo es una nota bastante ilustrativa del noticiero de Chilevisión respecto al mismo tema.